Cuando trabajas como coach, trabajas haciendo visible lo invisible: transformas las pausas, las emociones y las contradicciones en respuestas. 

Esta es sin duda la parte más gratificante del trabajo, y seguramente una de las razones por las que te enamoraste de él, ¿verdad? 

No se trata solo de lo que tu cliente dice, sino de cómo lo dice.

Del silencio entre palabras.

De lo que no se atreve a nombrar, ya sea porque no sabe interpretarlo, o porque aún no se le ha pasado por la cabeza. 

En medio de todo este escenario casi idílico, de pronto, aparece ChatGPT y piensas: “¿Y esto qué tiene que ver conmigo y con lo que yo aporto?”

Spoiler: mucho. Pero no como imaginas.

Lo primero que suele pasar cuando un coach descubre ChatGPT es que empieza a automatizar.

Y no está mal, ojo, de hecho es lo lógico. Te das cuenta de que esta herramienta puede ayudarte a ahorrar tiempo, a estructurar ideas súper rápido y a generar contenido en tiempo record.

Y la empiezas a usar para todo: 

  • Resúmenes de sesiones
  • Publicaciones para redes sociales
  • Correos para clientes
  • Ideas para talleres o formaciones

Repito: está bien. Es útil.

Todos lo estamos empezando a hacer.

El peligro es que si no te detienes a tiempo, terminas entrando en una especie de piloto automático.

El tono ya no es el tuyo.

Llega un día en el que ya ni sabes cuál era tu tono, de tanto chat GPT de por medio.

Lo que compartes podría estar creado por cualquier persona.

No tiene tu sello.

No hay alma, por así decirlo.  

Y es que la inteligencia artificial puede escribir por ti, y muy bien por cierto, pero no puede decir lo que solo tú puedes decir.

No puede compartir tus experiencias.

No puede expresar tus intuiciones.

No puede captar el momento exacto en el que cambiar de pregunta, de ritmo o de dirección.

Y ahí es donde muchos se pierden.

ChatGPT nunca se queda callado. Siempre responde algo. No duda. No titubea. 

Y eso es muy práctico, demasiado, pero también se convierte en un peligro. Porque si no afinas el criterio, si no desarrollas un mínimo filtro profesional, acabarás aceptando cualquier respuesta que suene convincente, sin preguntarte si realmente conecta con tu cliente, tu enfoque o tu propósito.

Lo cómodo no siempre es lo correcto. Y eso también aplica a la tecnología.

No seré yo quien te diga que no lo uses.

Al contrario. Úsalo. Aprovéchalo.

Pero filtra.

Elige. Reescribe. Ajusta.

Haz que la herramienta trabaje para ti, no al revés. Que potencie tu pensamiento, no que lo reemplace.

No caigas en la trampa de lo fácil. Porque lo fácil, en el mundo del coaching, suele ser superficial.

No todo es crítica, no me malinterpretes.

Hay formas muy útiles de usar ChatGPT como herramienta de apoyo real a tu negocio.

No hablamos de reemplazar tu trabajo, sino de complementarlo.

Aquí tienes algunos ejemplos prácticos para que lo entiendas mejor:

Prompt: “Estoy trabajando con un cliente que tiene miedo a tomar decisiones. Sugiere cinco preguntas poderosas desde una mirada no directiva, sin caer en clichés.”

Ideal para cuando te encuentras repitiendo fórmulas o necesitas salir de tu patrón habitual de preguntas.

Prompt: “Toma este concepto: “la zona de confort no es cómoda, es conocida”. Escribe una publicación corta, en primera persona, para coaches que están bloqueados con su negocio.”

Perfecto para coaches que quieren crear contenido valioso pero se bloquean con la hoja en blanco. Ya desde esa base, puedes darle tu enfoque. 

Prompt: “Ayúdame a diseñar una oferta de coaching individual clara, atractiva y orientada a resultados para personas que sienten que están estancadas profesionalmente pero no saben por qué.”

Cuando estás intentando concretar una propuesta pero aún no sabes cómo ordenarla ni comunicarla bien.

Prompt: “Actúa como un cliente escéptico que no entiende por qué pagar por coaching. Hazme preguntas para que pueda practicar mis respuestas con claridad y calma.”

Ideal para entrenar tu comunicación comercial desde un lugar auténtico y sin guiones.

Estos usos no solo son útiles, también son estratégicos. Porque no te quitan protagonismo: te apoyan. No eliminan tu voz, mas bien te ayudan a afinarla.

Hay un problema silencioso que está empezando a notarse en el mundo online: todo empieza a sonar igual. Los posts, los correos y los mensajes tienen la misma estructura y tono.

Cambian los nombres, pero las frases se repiten.

Y muchas veces, eso pasa cuando se usa ChatGPT sin criterio alguno.

Si tú, como coach, te dejas arrastrar por esa marea de contenido impersonal, te terminas convirtiendo en uno más.

Y lo último que necesita tu negocio de coaching, es ser uno más.

Así que a la pregunta: ¿se puede usar IA sin perder el toque humano?

La respuesta es sí. Pero solo si el toque humano sigue siendo lo primero.

Porque el problema no es que ChatGPT sea una máquina.

El problema es cuando tú dejas de ser consciente de ello. Cuando empiezas a confiar más en la rapidez de una respuesta generada, que en la pausa que te permite escuchar tu propia voz.

Dicen que la IA no vino a reemplazarnos, vino a probarnos.
A ver si sabemos quiénes somos cuando tenemos la opción de copiar.
A ver si podemos seguir siendo nosotros, incluso cuando todo nos empuja a sonar como los demás.

Si hablamos de Inteligencia Artificial y coaching, mi opinión es que sí, usa ChatGPT.

Pero no olvides algo esencial: el verdadero poder de tu trabajo no está en lo que dices, sino en desde dónde lo dices.

Y eso, todavía, no hay algoritmo que lo pueda replicar.

Sobre mí, Arménia Barradas

Ayudo a COACHES y otros profesionales del desarrollo personal a dedicarse profesionalmente a su pasión creando para ello un negocio rentable y fiel a su esencia

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