Conóceme un poco más

¿Cuántas veces te han contado que esto del emprendimiento es pan comido?
Que en un par de semanas, con un curso intensivo de cómo lanzar tu negocio y varios perfiles de redes sociales es suficiente para captar tus primeros clientes.
Lo siento pero no. Por ahí, no es el camino.

Los que vivimos de un negocio propio sabemos lo difícil que es crearlo, mantenerlo y hacerlo crecer. 

Toda la espiral de emociones que vas a vivir y que tienes que saber gestionar para arrancar y continuar con tu sueño profesional no se pueden obviar ni solucionar con una formación de fin de semana.
Y esta parte es la que no te cuentan porque es la que mucha gente no quiere escuchar.
Pero el problema de no escuchar es que el éxito de tu proyecto cada vez estará más lejano, más inalcanzable.

Seguro que con esta historia que te voy a contar a continuación, lo vas a ver más claro.

Por mi décimo cumpleaños mi madre decidió llevarme a uno de los parques de atracciones acuáticos más grandes de Lisboa.

Llevaba años soñando con montarme en uno de los toboganes más largos e impresionantes que nunca había visto llamado Tower of Power.

Más que un tobogán era una montaña rusa acuática con curvas de 6 metros de subida y 18 metros de bajada.

Pura adrenalina y diversión. O eso creía yo.

Días antes me imaginaba recorriendo a toda velocidad esta atracción con mi hermana gemela riendo, gritando a pleno pulmón y sintiéndome libre.

Cuando entramos en el parque me empecé a sentir pequeñita.

Estaba rodeada de atracciones gigantes, desafiantes e imponentes entre las que me sentía perdida.

Me quedé quieta durante unas horas en mi toalla hasta que el miedo a lo desconocido se fue mitigando y mi hermana me convenció para subir al “Tower of Power”.

Nos pusimos a la cola y conforme llegaba nuestro turno, comencé a sentir mis piernas como gelatina, un hormigueo en el estómago y mis pulsaciones aceleradas latiendo en mi garganta.

Mi valentía se había esfumado. Tenía miedo, mucho miedo.

Pero miraba a la gente que salían disparadas de la atracción tras terminar su viaje, con la cara transformada, eufóricos, llenos de vida y quería sentir y vivir lo mismo.

Llegó el momento y mi miedo se transformó en terror.

Solo al empezar, había una bajada de 10 metros en línea recta.

Me paralicé, no quería montarme pero no había posibilidad de dar marcha atrás.

Las personas que habían detrás de mí empezaron a presionarme para que me moviera al igual que el técnico de la atracción.

Tenía que tomar una decisión sí o sí.
En el fondo quería pero el miedo tenía sometida a mi voluntad para no hacerlo. 

Mi hermana vió mi cara de muerta, me agarró fuerte del brazo y me dijo algo que jamás olvidaré: “El miedo no puede ganarte”.

No sé de dónde se sacó la frase pero me hizo reaccionar, sacar toda mi fuerza interior y lanzarme al vacío.

Fueron 20 minutos de tantas emociones juntas que aún me cuesta expresar. 

Recuerdo que las bajadas eran lo peor. 
Cerraba los ojos, gritaba con fuerza, la tensión dominaba mi cuerpo y mi cabeza solo pensaba que iba a pasar una desgracia, que íbamos a morir. Hasta dejaba de respirar

Luego en las subidas, mi cuerpo se relajaba.

Abría los ojos, reía con mi hermana, podía disfrutar del hermoso paisaje que me rodeaba y me sentía libre, fuerte y valiente. 
Estaba viviendo el sueño que había tenido días atrás.
Pero de nuevo el abismo. Otro abujero negro que atravesar en caída libre.
La incertidumbre de lo que podía pasar golpeaba mi cabeza.

En ese momento, empecé a llorar y a gritar que quería bajarme.

Pero de nuevo mi hermana, agarrando con fuerza mi mano, me tranquilizó: “Estoy contigo, no pasará nada”.

Mi pánico desapareció por arte de magia. 

Hasta que por fin el viaje terminó y aterrizamos en la piscina principal.

Nos quedamos quietas por unos minutos mirándonos a los ojos, con el corazón en la boca, con la respiración entrecortada pero llenas de energía y con una sonrisa de oreja a oreja

Abracé a mi hermana con todo mi cuerpo y le di las gracias porque sin su apoyo jamás me hubiera tirado por el tobogán ni hubiera vivido esta experiencia tan intensa.
Me sentí tan poderosa, con tantaconfianza en mí misma que el resto del día seguí montándome en todas las atracciones del parque y disfrutando del mejor cumpleaños de mi vida.

Hoy, después de 5 años siendo coach y mentora de profesionales de desarrollo personal no encuentro mejor descripción de lo que significa el emprendimiento. 

Yo misma lo sufrí, lo viví y lo disfruté.
Es un proceso de transformación personal y profesional lleno de subidas y bajadas constantes que debes estar dispuesto a afrontar con coraje y decisión.
Hay muchas dudas, preocupaciones, miedos, indecisiones, errores, fracasos pero también ilusión, plenitud, confianza, satisfacción y felicidad.

¿Podré vivir de mi sueño?, ¿seré lo suficientemente bueno?, ¿podré salir adelante?, ¿dejo mi trabajo actual para dedicarme a mi proyecto?, ¿contratarán mis servicios?, ¿tendré clientes pronto?, ¿merecerá la pena la inversión en una mentoría?, ¿sabré vender mis servicios?… estas preguntas tienen respuesta pero tienes que atreverte a buscarla. 

Si no sabes cómo, busca ayuda.
Igual que mi hermana me impulsó a tirarme por ese tobogán, mi coach y mi mentor me guiaron a encontrar la respuesta a todas esas preguntas, a ser lo que soy, a creer en mí y a construir un negocio de éxito del que vivo actualmente.
Un buen mentor te ayuda a lograr los resultados de manera más rápida y efectiva.

Logras enfocar tu tiempo limitado y toda tu energía en una única dirección y los avances son más inmediatos, más reales y, como consecuencia, se afianza la creencia de que es posible vivir de lo que te gusta.

Por eso, he querido dedicarme a impulsar, a acompañar y a asesorar a otros profesionales del desarrollo personal en este difícil pero a la vez satisfactorio camino del emprendimiento.

Los que han experimentado el proceso de emprender, son los únicos capaces de entender y ponerse en el lugar de un emprendedor.
Si quieres mi ayuda, aquí estoy para hacer que tu sueño profesional puede estar más cerca de lo que crees.
Solo debes estar dispuesto a arriesgarte y pasar a la acción.